Controlar tu cerebro es sencillo, solo hace falta ser objetivo y disciplinado. Sin embargo, aunque es sencillo, no es nada fácil. La decisión última, normalmente, la solemos tomar nosotros y eso nos lleva a que en algún momento acabemos metiendo la pata dejando que estos sesgos se entrometan.
Además, la mayoría de estos sesgos son muy silenciosos y se entrometen en nuestro proceso de toma de decisiones sin que nos demos cuenta. Nos creemos que somos dueños de todo lo que hacemos, pero a lo largo de estos artículos hemos visto que nada más lejos de la realidad.
Eliminar completamente los sesgos es a la vez algo utópico e innecesario. Utópico porque supone rechazar nuestra propia naturaleza. Puede que en ocasiones lo logremos, pero al final somos lo que somos y los sesgos acabarán por llegar. Pero es que también es innecesario porque, como también hemos dicho en anteriores artículos, la mayoría de ellos son muy útiles.
Digamos que lo ideal no es eliminar los sesgos, sino usarlos convenientemente. En este artículo vamos a ver cómo podemos hacer eso, de forma que nos quedemos con lo mejor de los sesgos, pero los evitemos de aquellos lugares donde más daño pueden hacernos.