La renta fija es el activo considerado como de refugio. Es esa parte de la cartera que aporta estabilidad y recurrencia de ingresos. Sin embargo, eso no quiere decir que esté libre de todo tipo de riesgo.
El ejemplo más claro lo tenemos en estos dos últimos años en los que los índices de renta fija se han dejado más de un 15% por las subidas de tipos. Y es que, como ya debes de saber, existen dos tipos de riesgos: el de crédito y el de liquidez.

Cuando hablamos de la renta variable vimos que estos tienen, generalmente, una mayor exposición al riesgo de crédito, aunque también pueden soportar riesgo de liquidez como es el caso de las empresas en crecimiento.
En el caso de la renta fija, lo cierto es que estos pueden tener mucha dependencia al riesgo de crédito o al riesgo de liquidez, dependiendo de las características que tenga el bono en cuestión.
Empecemos por ver qué es un bono.
¿Qué es un bono?
Cuando una empresa necesita financiación puede obtenerla de dos formas: financiación propia emitiendo acciones o financiación externa emitiendo bonos.
Ya hemos visto que, cuando emite acciones los compradores de estas se convierten en copropietarios de la empresa con los beneficios que esto supone.
